El
Almuerzo
Julio Cortázar
No sin trabajo un
cronopio llegó a establecer un termómetro de vidas. Algo entre
termómetro y topómetro, entre fichero y currículum vitae. Por
ejemplo, el cronopio en su casa recibía a un fama, una esperanza
y un profesor de lenguas. Aplicando sus descubrimientos
estableció que el fama era infra-vida, la esperanza para-vida, y
el profesor de lenguas inter-vida. En cuanto al cronopio mismo,
se consideraba ligeramente super-vida, pero más por poesía que
por verdad. A la hora del almuerzo este cronopio gozaba en oír
hablar a sus contertulios, porque todos creían estar
refiriéndose a las mismas cosas y no era así. La inter-vida
manejaba abstracciones tales como espíritu y conciencia, que la
para-vida escuchaba como quien oye llover -tarea delicada. Por
supuesto, la infra-vida pedía a cada instante el queso rallado,
y la super-vida trinchaba el pollo en cuarenta y dos movimientos,
método Stanley Fitzsimmons. A los postres las vidas se saludaban
y se iban a sus ocupaciones, y en la mesa quedaban solamente
pedacitos sueltos de muerte.