Lo
particular y lo universal
Julio Cortázar
Un cronopio iba a lavarse los dientes junto a su balcón, y
poseído de una grandísima alegría al ver el sol de la mañana
y las hermosas nubes que corrían por el cielo, apretó
enormemente el tubo de pasta dentífrico y la pasta empezó a
salir en una larga cinta rosa. Después de cubrir su
cepillo con una verdadera montaña de pasta, el cronopio se
encontró con que le sobraba todavía una cantidad, entonces
empezó a sacudir el tubo en la ventana y los pedazos de pasta
rosa caían por el balcón a la calle donde varios famas se
habían reunido a comentar las novedades municipales. Los
pedazos de pasta rosa caían sobre los sombreros de los famas,
mientras arriba el cronopio cantaba y se frotaba los dientes
lleno de contento. Los famas se indignaron ante esta
increíble inconsciencia del cronopio, y decidieron nombrar una
delegación para que lo imprecara inmediatamente, con lo cual la
delegación formada por tres famas subió a la casa del cronopio
y lo increpó, diciéndole así:
-Cronopio, has estropeado nuestros sombreros, por lo cual
tendrás que pagar.
Y después, con mucha más fuerza:
-¡Cronopio, no deberías derrochar así la pasta dentífrico!