Los
exploradores
Julio Cortázar
Tres cronopios y un fama se asocian espeleológicamente para
descubrir las fuentes subterráneas de un manantial.
Llegados a la boca de la caverna, un cronopio desciende sostenido
por los otros, llevando a la espalda un paquete con sus
sándwiches preferidos (de queso). Los dos
cronopios-cabrestante
lo dejan bajar poco a poco, y el fama escribe en un gran cuaderno
los detalles de la expedición. Pronto llega un primer
mensaje del cronopio: furioso porque se han equivocado y le
han puesto sándwiches de jamón. Agita la cuerda, y exige
que lo suban. Los cronopios-cabrestante se consultan
afligidos, y el fama se yergue en toda su terrible estatura y
dice: NO, con tal violencia que los cronopios sueltan la soga y
acuden a calmarlo. Están en eso cuando llega otro mensaje,
porque el cronopio ha caído justamente sobre las fuentes del
manantial, y desde ahí comunica que todo va mal, entre injurias
y lágrimas informa que los sándwiches son todos de jamón, que
por más que mira y mira entre los sándwiches de jamón no hay
ni uno solo de queso.