Pegue
la estampilla en el ángulo superior derecho del sobre
Julio Cortázar
Un fama y un cronopio son muy amigos y van juntos al correo a
despachar unas cartas a sus esposas que viajan por Noruega
gracias a la diligencia de Thos. Cook & Son. El
fama pega sus estampillas con prolijidad, dándoles golpecitos
para que se fijen bien, pero el cronopio lanza un grito terrible
sobresaltando a los empleados, y con inmensa cólera declara que
las imágenes de los sellos son repugnantes de mal gusto y que
jamás podrán obligarlo a prostituir sus cartas de amor conyugal
con semejantes tristezas. El fama se siente muy incómodo
porque ya ha pegado sus estampillas, pero como es muy amigo del
cronopio, quisiera solidarizarse y aventura que en efecto la
vista de la estampilla de veinte centavos es más bien vulgar y
repetida, pero que la de un peso tiene un color borra de vino
sentador. Nada de esto calma al cronopio, que agita su
carta y apostrofa a los empleados que lo contemplan
estupefactos. Acude el jefe de correos, y apenas veinte
segundos más tarde el cronopio está en la calle, con la carta
en la mano y una gran pesadumbre. El fama, que furtivamente
ha puesto la suya en el buzón, acude a consolarlo y le dice:
-Por suerte nuestras esposas viajan juntas, y en mi carta
anuncié que estabas bien, de modo que tu señora se enterará
por la mía.