Sus
historias naturales
Julio Cortázar
León y cronopio
Un cronopio que anda por el desierto se encuentra con un león, y
tiene lugar el diálogo siguiente:
León.-Te como.
Cronopio (afligidísimo pero con dignidad).-Y bueno.
León.-Ah, eso no. Nada de mártires conmigo. Échate a
llorar, o lucha, una de dos. Así no te puedo comer.
Vamos, estoy esperando. ¿No dices nada?
El cronopio no dice nada, y el león está perplejo, hasta que le
viene una idea.
León.-Menos mal que tengo una espina en la mano izquierda que me
fastidia mucho. Sácamela y te perdonaré.
El cronopio le saca la espina y el león se va, gruñendo de mala
gana:
-Gracias, Androcles.
Cóndor y cronopio
Un cóndor cae como un rayo sobre un cronopio que pasa por
Tinogasta, lo acorrala contra una pared de granito, y dice con
gran petulancia, a saber:
Cóndor.-Atrévete a afirmar que no soy hermoso.
Cronopio.-Usted es el pájaro más hermoso que he visto nunca.
Cóndor.-Más todavía.
Cronopio.-Usted es más hermoso que el ave del paraíso.
Cóndor.-Atrévete a decir que no vuelo alto.
Cronopio.-Usted vuela a alturas vertiginosas, y es por completo
supersónico y estratosférico.
Cóndor.-Atrévete a decir que huelo mal.
Cronopio.-Usted huele mejor que un litro entero de colonia
jean-Marie Farina.
Cóndor.-Mierda de tipo. No deja ni un claro donde
sacudirle un picotazo.
Flor y cronopio
Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los
campos. Primero la va a arrancar,
pero piensa que es una crueldad inútil
y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor,
a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba
como una abeja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo
de la flor y se duerme envuelto en una gran paz.
La flor piensa: «Es como una flor».
Fama y eucalipto
Un fama anda por el bosque y aunque no necesita leña mira
codiciosamente los árboles. Los árboles tienen un miedo
terrible porque conocen las costumbres de los famas y temen lo
peor. En medio de todos está un eucalipto hermoso, y el
fama al verlo da un grito de alegría y baila tregua y baila
catala en torno del perturbado eucalipto, diciendo así:
-Hojas antisépticas, invierno con salud, gran higiene.
Saca un hacha y golpea al eucalipto en el estómago, sin
importársele nada. El eucalipto gime, herido de muerte, y
los otros árboles oyen que dice entre suspiros:
-Pensar que este imbécil no tenia más que comprarse unas
pastillas Valda.
Tortugas y cronopios
Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la
velocidad, como es natural.
Las esperanzas lo saben, y no se preocupan.
Los famas lo saben, y se burlan.
Los cronopios lo saben, y cada vez que encuentran una tortuga,
sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de
la tortuga dibujan una golondrina.